Oscuridad


Como sombra del atardecer te seguía, caminabas y caminaba. De ratos parecía que volabas y detrás también volaba. Otro día, casi te arrastrabas, sin duda tu estado de animo no era el mismo, a pesar de eso ahí estaba arrastrándose también. Puede ver como te conectabas con los demás, y adivina, mejor no, debes saberlo ya. Debe ser molesto me dije, algo incomodo quizás. Pero después vi como tus labios se estiraban y -¡no por dios!- sonreíste. Reconozco que a veces te veo sola, pero enseguida casi como desprotegida buscas esa sombra y con ella te vas. Espere, juro que lo hice. Un día no aguante, suelo ser débil a mis impulsos. Te seguí, cruce aquella puerta hacia lo que podría ser el mejor jardín de una penitenciaria de antaño. Allí estabas contándole a esa sombra algo parecido a una historia. Me vieron, tu voz fue el silencio. Me fui, no había tiempo de esperar a que el cemento me absorbiera. Frente al vértigo del resquemor en la oscuridad me refugié. Ahí estoy ahora esperando en sombra convertirme.

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