El Gran Truco


"Bienvenido al final de la obra, cualquier semejanza con su realidad es pura coincidencia. Mire a su alrededor, nadie es tan sombra ni tan escolta y los destellos mienten hasta enrojecerse. Lo único que se debe hacer es desconfiar de las hermandades, y saber de los grandes trucos que nos rodean"

El título de este escrito corresponde al de una muy buena película de magia, venganza y muerte. Ese mismo título podría coronar una historia a la que hace horas se le escribió su final, es casi un cuento en el que el engaño y la cobardía predominan. 


En esta historia la hipocresía se puede leer en cada página, y la protagonista femenina se empeña por continuar con El Gran Truco. Son magos, ilusionistas, lograron la atención de su publico, generaron sonrisas a unos y llantos a otros. El éxito de este espectáculo no decae ni siquiera en este final, que sorprende hasta a los más incrédulos. 

Pensaron en todo: en las escenas, en los argumentos y practicaron a la perfección sus personajes. Todo medido, calculado, frío y apasionado. Lograron vivir al menos dos vidas, bajaron a la clandestinidad para combatir con sus propios miedos, y protegerse hasta de sus amigos. Los disfraces no restan de elogios. 

Como un gran ilusionista, el uso de la hermandad como mascara por parte del protagonista masculino es la expresión de la genialidad del arte del engaño. 

El Gran Truco llegó a su fin, el velo o el telón está a punto de caer y la ovación obvia del público no tardará en llegar. Merecidos los aplausos tienen. Llego la hora de la revelación, ese momento en el que los ingenuos espectadores ganan al descubrir el engaño, la ilusión, el truco. 

En este final genial y mediocre a la vez, una pregunta sobrevolará por sus cabezas: ¿Qué ganaron ellos relegándose, negándose, engañándose y sobretodo no dejándose ser ellos mismos por un gran, pero cobarde, truco?





* Foto: Escena de la pelicula El gran truco, de Cristopher Nolan.


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